Adicción

Escondí el router de madrugada y a la mañana siguiente lo volví a enchufar

Son las once y media de la noche. Vas al salón en calcetines, desenchufas el router y lo metes en el cajón de los calcetines, debajo de todo, como si fuera una prueba de un crimen. Vuelves a la cama con el corazón acelerado, como si acabaras de hacer algo importante. A la mañana siguiente, antes del café, ya lo has vuelto a enchufar.

Si esto te suena, no hace falta que me cuentes el resto. Lo conozco porque también lo hice. Y lo primero que quiero decirte es esto: no eres la única, y no es que no tengas mano dura. Es que estás agotada de pelear una guerra que no tiene tregua ni de noche.

El ciclo no es un fallo tuyo, es agotamiento real

Escondes el router pensando en el silencio que vas a tener por fin. Y a la mañana siguiente ese mismo silencio —el de la casa sin wifi, el de la cara de tu hijo cuando se entera— pesa tanto que no lo aguantas. Así que lo enchufas otra vez, antes de que empiece el día, para no tener que sostener la bronca que viene después.

Eso no es ceder. Es que castigar cuesta energía, y sostener el castigo cuesta todavía más. Y tú ya llegas a la noche sin energía de sobra. Nadie te ha enseñado a hacer esto con la batería a cero, y sin embargo lo haces cada noche.

Yo también me odiaba un poco por hacerlo. Desenchufaba de madrugada como quien apaga un incendio, y por la mañana lo volvía a encender yo misma, con las manos temblando, antes de que él se despertara.

Por qué el ciclo se repite sin romperse solo

Esconder el router de noche y devolverlo por la mañana no es un plan, es un reflejo. Nace del miedo del momento: miedo a la bronca, miedo a que no pare de jugar nunca, miedo a que esto no tenga arreglo. Y como nace del miedo, no viene con una razón que puedas explicarle a él ni sostener tú misma al día siguiente.

Por eso el castigo de madrugada y el perdón de la mañana se turnan sin cambiar nada de fondo. No es que falte disciplina. Es que un castigo que no está pensado de antemano, que se decide en caliente y a solas a las once de la noche, no tiene piernas para sostenerse a la luz del día.

Lo que rompe el ciclo no es esconder mejor el router, ni ser más severa la próxima vez. Es sacar la decisión del momento de más miedo —esa medianoche a solas con el cajón de los calcetines— y ponerla en un momento donde tú estés tranquila y él también pueda escuchar.

El paso de hoy

No te pido que esta noche no lo escondas, si es lo que vas a hacer de todas formas. Te pido otra cosa, más pequeña y más tuya: coge un papel, ahora, de día, y escribe una sola frase. No un discurso. Una frase concreta, con una hora dentro. Algo como: "Wifi hasta las nueve, todas las noches, se acabe lo que se acabe la partida."

Escríbela a mano, no la pienses solo. Guárdala donde la veas mañana. La idea no es imponerla esta misma noche a las once, sino tenerla lista para decirla mañana, de día, con la voz tranquila, antes de que empiece otra vez la guerra. Un límite dicho de antemano pesa distinto que uno arrancado a oscuras.

  • Escribe la frase a mano, en papel, no en el móvil.
  • Que tenga una hora concreta, no un "ya está bien" vago.
  • Guárdala en un sitio donde la veas antes de la próxima cena, no a medianoche.

Esto no se arregla con más mano dura

Si llevas meses en este ciclo y notas que además tu hijo se ha ido quedando más solo, más triste de una forma que no se le pasa, o intuyes algo raro con gente que no conoces detrás de una pantalla, esto ya no se resuelve con un router ni con una frase escrita a mano. Ahí lo que toca es pedir ayuda profesional, empezando por el pediatra, sin esperar a que se te ocurra sola cómo arreglarlo.

Pero si lo que tienes es esto que hemos hablado hoy —el cajón de los calcetines, el enchufe de la mañana, el cansancio de no saber ya ni tú qué estás haciendo bien o mal— entonces no te hace falta más disciplina. Te hace falta bajar el miedo que hay detrás de tu propio gesto de medianoche. Eso no se logra de golpe. Se logra un paso cada vez, y hoy el paso es solo escribir la frase.

Esto es acompañamiento para madres y padres, no consejo clínico, y no sustituye al pediatra ni a un psicólogo infantil. Ante señales de alarma (tu hijo deja de comer o dormir, habla de hacerse daño, se aísla del todo, o un adulto desconocido le escribe): pediatra y psicólogo infantil, 988, y Childhelp 1-800-422-4453.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para el padre o la madre que ha convertido cada tarde en una batalla por la pantalla y siente que ha perdido a su hijo dentro de un juego.

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