UN RETO DE 30 DÍAS

¿Hay una voz dentro de ti que lo mide todo y casi nunca te da por buena? ¿Que compara, corrige, lleva la cuenta de lo que fallas y te susurra que, hagas lo que hagas, no eres bastante?

Para la perfeccionista que mide su valor por lo que hace, y está agotada de no llegar nunca.

Te cuento cómo dejé de medirme

La última vez fue por una bandeja de magdalenas. Se me habían dorado de más por un lado. Nadie lo habría notado. Y aun así las tiré a la basura a las once de la noche y volví a empezar, con la cocina en silencio y una voz dentro repitiendo lo de siempre: así no, otra vez, no vale.

Esa voz llevaba conmigo toda la vida. La conocía mejor que a mi propia letra. Medía, comparaba, corregía. Llevaba la cuenta exacta de cada cosa que hacía mal, y ni una sola de las que hacía bien.

Yo creía que era mi virtud. Lo llamaba ser responsable, ser de fiar. La que llega media hora antes, la que revisa el correo tres veces antes de enviarlo, la que se ofrece para todo en la iglesia y sonríe mientras por dentro va raspando el fondo. Y funcionaba, hasta cierto punto. Me daban las gracias. Nadie veía el precio que pagaba en la trastienda.

Medía, comparaba, corregía. Llevaba la cuenta de todo lo que hacía mal, y ni una sola de las que hacía bien.

El precio era el cuerpo. La mandíbula apretada al despertarme. Las noches en vela repasando una conversación por una frase que quizá sonó mal. El estómago cerrado los domingos, cuando tocaba estar con gente y yo ya estaba calculando si daría la talla.

La mentira que me contaba era sencilla: cuando termine esto, descansaré. Cuando lo tenga todo en orden, estaré en paz. Pero nunca se terminaba. Siempre había una magdalena dorada de más.

El fondo no fue nada grande. Fue mi hija, con cinco años, enseñándome un dibujo. Un sol torcido, la casa sin una pared. Y yo, sin pensarlo, cogí el lápiz para "ayudarla a cerrarla bien". Ella apartó el papel y me miró. "Mamá, ya estaba terminado."

Me quedé con el lápiz en la mano. Le estaba enseñando, sin querer, la misma voz que a mí me había criado, la que nunca da nada por bueno. Y pensé: no quiero que ella oiga esto por dentro dentro de treinta años.

"Mamá, ya estaba terminado." Y yo con el lápiz en la mano, a punto de corregir un sol de cinco años.

El giro no fue un rayo de luz. Fue una frase que leí una mañana, medio dormida, en el margen de un cuaderno viejo: que hay un cariño que no se gana, que ya está ahí antes de que hagas nada. La leí, y por primera vez no la discutí. Solo me quedé quieta un rato.

Empezar fue lento y con recaídas. No dejé de medirme de golpe; eso no pasa. Lo que hice fue más pequeño: cada día, apuntar a mano una sola mentira que me había creído. "Si fallo, no valgo." "Tengo que caer bien a todos." Escribirla me dejaba verla de frente, y de frente sonaba absurda. Algunos días volvía a tirar magdalenas. Algunos días la voz ganaba. Pero un renglón cada mañana, empecé a distinguir su voz de la mía, y a vivir como hija querida y no como empleada que se gana el cariño hora a hora.

No estoy curada. Todavía me pillo corrigiendo lo que ya estaba bien. La diferencia es que ahora lo noto el mismo día, no diez años después, y a veces suelto el lápiz a tiempo.

Escribí todo esto para la que sigue de pie en su cocina a las once de la noche, con la voz susurrándole que no es bastante. Porque yo estuve ahí, y me habría cambiado la vida que alguien se sentara a mi lado, sin sermón, y me dijera: ya estaba terminado. Eras suficiente antes de empezar.

¿Te suena?

Revisas el mensaje cinco veces antes de enviarlo, no sea que algo suene mal.
Terminas el día tachando lo que hiciste bien y solo ves lo que quedó a medias.
Dices que sí a todo, para que nadie piense que no das la talla.
Cuando alguien te felicita, por dentro piensas: "si supiera lo que de verdad soy".
19 €Suficiente a sus ojos
EL CUADERNO

Por eso escribí este cuaderno

Recogí lo que a mí me fue soltando la cuenta, un día cada vez, y lo puse en un cuaderno de treinta días para la que mide su valor por lo que hace y está agotada de no llegar nunca. No es terapia ni una receta: es una mano al lado, para aprender a vivir como hija amada y no como empleada que se gana el cariño.

  • 30 días, uno cada vez, sin agobios.
  • Un paso realista al día y sitio para escribir a mano.
  • Escrito por alguien que lo ha vivido, no un manual frío.
Pago seguroDescarga inmediataCuaderno para rellenarGarantía de 30 días

Lo que te llevas

Todo lo que incluye tu cuaderno de 30 días

30 días, uno cada vez. Un versículo (en castellano de toda la vida), una lectura corta y honesta, una oración para hoy y unas preguntas con sitio para escribir a mano.

Cuatro semanas con un camino: oír la voz que te mide y saber de quién no es; descubrir que eres amada antes de hacer nada; desmontar una a una las mentiras («tengo que ser perfecta», «si fallo no valgo», «tengo que caer bien a todos»); y aprender a vivir como hija amada, no como empleada que se gana el cariño.

Tu pacto de hija amada, una página para completar y firmar, y guardar para los días en que se te olvide.

Gracia, no culpa. Aquí el perfeccionismo no es una virtud; es una cárcel. Y la salida no es esforzarte más.

Honesto con lo serio. Los días 20 y 27 miran de frente cuándo la inseguridad se ha vuelto algo más hondo (una autoestima muy dañada, una depresión) y conviene pedir ayuda.

Cómo funcionan los 30 días

Semana 1

Ver dónde estás

Semana 2

Soltar lo que no puedes

Semana 3

Volver a ti

Semana 4

Tu vida, de nuevo

Quién lo escribe

M

Por Marga Belmonte

Yo era la que llegaba la primera y se iba la última, la que repasaba cada detalle tres veces por si acaso. Un día me paré a preguntarme para quién estaba viviendo así, y la respuesta me dolió. Esto que escribo lo aprendí soltando, no lográndolo todo.

Lo que dicen quienes lo han hecho

“Por fin dejé de sentirme sola con esto.”

— lector/a

“El primer material que no me juzga.”

— lector/a

“Corto cada día, pero me cambió el mes.”

— lector/a

Sin riesgo para ti

Si en 30 días sientes que no era para ti, te devuelvo el importe. Sin preguntas.

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Preguntas frecuentes

¿Esto es terapia?
No. Es un cuaderno de acompañamiento, no un tratamiento. Si tu autoexigencia viene con mucha ansiedad o con una tristeza que no se va, este libro te lo dice de frente en su momento y te anima a buscar también ayuda profesional.
Soy de las que necesitan resultados, ¿esto me va a "arreglar" en 30 días?
No te promete una versión perfecta de ti en un mes, precisamente porque perseguir la perfección es lo que te tiene agotada. Te da 30 días con un paso pequeño cada vez, para que empieces a creerte suficiente antes de terminar la lista.
¿Necesito escribir mucho o se me va a hacer una obligación más?
Diez o quince minutos al día, con preguntas cortas y sitio para escribir a mano. Está pensado para quien ya tiene la agenda llena, no para añadirte una tarea más de la que sentirte culpable.
No sé si esto es fe o autoayuda, ¿de qué trata realmente?
Es un devocional de 30 días, con un versículo y una oración cada día, para la mujer que mide su valor por lo que hace y necesita oír, de una vez, que ya es amada antes de hacer nada.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para la perfeccionista que mide su valor por lo que hace, y está agotada de no llegar nunca.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «Un salmo, una respiración, una línea»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.

Este material es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional.