Mente

Me da vergüenza reconocer que echo de menos mi trabajo

Son las cinco de la tarde y miras el reloj sin querer. A esta hora, antes, estabas todavía en la oficina, o de camino a casa, cansada de un día lleno de cosas. Ahora estás en el sofá, o en la cocina, con la tarde entera por delante y nada urgente que hacer. Y entonces te viene el pensamiento, casi a escondidas: echo de menos ir a trabajar. Y detrás del pensamiento llega enseguida la vergüenza. Como si no tuvieras derecho a sentir eso.

Si te ha pasado, no eres la única, aunque a tu alrededor nadie lo diga en voz alta.

El «ahora a disfrutar» que no te deja sentir lo otro

Desde que se acercaba tu jubilación, seguro que has oído la misma frase mil veces, dicha con la mejor intención: ahora a disfrutar, te lo has ganado, por fin vas a descansar. Y tú misma, antes de llegar aquí, probablemente pensabas lo mismo. El problema es que esa frase deja muy poco sitio para cualquier otra cosa que no sea alegría. Como si sentir nostalgia, o incluso tristeza, fuera una especie de fallo, una ingratitud hacia una vida que, sobre el papel, ahora es más tranquila.

Por eso, cuando te sorprendes deseando estar en la oficina otra vez, lo primero que aparece es la culpa. Y encima de la culpa, el silencio: no se lo cuentas a nadie, porque suena raro decir que echas de menos algo que, en su momento, también te pesaba, te cansaba, te robaba horas de sueño.

Pero sentir esto no es una contradicción extraña. Es que dos cosas pueden ser verdad a la vez: que el trabajo te cansaba, y que también te sostenía.

No es el trabajo lo que echas de menos

Si te fijas bien, es probable que no sea el trabajo en sí lo que añoras. No echas de menos las prisas de la mañana, ni las reuniones, ni el jefe, ni la presión de las fechas. Lo que probablemente echas de menos es todo lo que ese trabajo te daba sin que tú lo notaras hasta que ha faltado: un sitio donde te conocían, una hora en la que alguien contaba contigo, la sensación clara de que lo que hacías servía para algo.

El trabajo era el vehículo, no el destino. Y cuando el vehículo desaparece de golpe, es normal echar de menos el viaje entero, aunque una parte de ese viaje fuera agotadora.

Nombrar esto con precisión, en vez de meterlo todo en el mismo saco de «echo de menos trabajar», ya es un alivio. Porque lo que se ha ido no es insustituible del todo: la identidad y la utilidad se pueden volver a construir en otro sitio, aunque hoy todavía no sepas cuál.

Un paso para hoy: nombrarlo en una frase

Hoy no hace falta que resuelvas nada. Solo coge un papel, o el cuaderno donde vayas anotando estos días, y termina esta frase con lo primero que te salga, sin corregirte: «Lo que de verdad echo de menos es...». No pienses en el puesto ni en el sueldo. Piensa en lo que ese trabajo te daba por dentro: puede ser sentirte necesitada, puede ser tener un motivo para arreglarte por la mañana, puede ser simplemente hablar con gente todos los días.

No hace falta una respuesta perfecta ni definitiva. Basta con una frase honesta, escrita a mano, que te ayude a ver con más claridad qué es exactamente lo que duele.

Dejar de disculparte por sentir esto

La próxima vez que te sorprendas mirando el reloj a media tarde con esa punzada de nostalgia, prueba a no taparla enseguida con un «pero si esto es lo que quería». Puedes querer esta nueva etapa y, al mismo tiempo, echar de menos partes de la anterior. No hace falta elegir entre las dos cosas, y desde luego no hace falta pedir perdón por sentirlas.

Ese pequeño gesto de nombrar lo que echas de menos, en vez de esconderlo, es el primer paso para dejar de vivir esta etapa a escondidas de ti misma.

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para quien se jubiló y, en vez del descanso soñado, se encontró un hueco enorme donde antes estaba su nombre.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «El volcado de 5 minutos»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.